La primera persona que me vino a la cabeza fue la que hace algunos años consideré, como yo decía a otros compañeros, mi líder filosófico por su actitud ante la vida. 

Aunque no se trata de un personaje conocido, ni representativo a nivel profesional, si han habido muchos de sus hechos que me han marcado, y que recuerdo con frecuencia. Fue durante tres años un grandísimo compañero de trabajo, del cual intentaré describir algunas situaciones que me provocaron bastante admiración.

Fue por el año 95 cuando nos conocimos, justo cuando inicié una nueva andadura en una empresa líder en servicios informáticos. Recuerdo que al inicio, sólo me proyectó la imagen de un técnico muy bueno en tecnologías de la información. Pero, a medida que lo fui conociendo resultó que era muchísimo más, también profesionalmente hablando. Con anterioridad a este trabajo, había sido gerente de proyectos con mucha responsabilidad en otra empresa. Durante años vivió al límite de la resistencia de trabajo con una implicación totalmente excesiva, y un altísimo nivel de estrés. Decidió que eso no era vida, y renunció a muchas cosas dando prioridad a otras más sencillas, para vivir más tranquilo refugiándose en un trabajo muy inferior a sus posibilidades. 

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Fuera del trabajo, era un amigo, un marido, un padre, un anfitrión en su casa que calificaría de ejemplar. Siempre muy optimista, es una de esas personas con la que se disfruta en las reuniones, sabía de todo, y era un placer escucharle. También, le gustaba la buena gastronomía (me presentó a Entrecotte al Café de Paris), disfrutaba del buen vino (me presentó a Pesquera), así como del buen whiskey (me presentó a Macallan, por cierto, cuando se fue de esta empresa le regalamos un Macallan 25 años). 

En el trabajo, siempre le vi actuar con muchísima ética, sin pisar a nadie, yendo siempre de cara y respetando a todos, y desde luego esto no es habitual en los tiempos que corren. Si que era un buenazo, pero para nada ingenuo. Tenía una seguridad en si mismo y una autoridad moral apabullante que provocaba que fuera muy respetado. 

En cambio yo, hace 10 años, mucho más joven, era más rebelde y crítico con todo. Alguna vez incluso, me he sentido un poco culpable si igual le induje a salir de su letargo profesional. Empezó a moverse, a parte de que también lo buscaban, y tuvo una oferta muy buena de una de las empresas más importantes del sector. El día que firmaba el precontrato, un chulito madrileño según sus palabras, que hasta ese no día no había aparecido en el proceso de negociación, le dijo que ya podía dar gracias que lo sacaban de una empresa de inútiles. ¿Cuál fue su reacción? Le dijo a este personajillo, que era él quien no tenía ni idea, y que no le permitía que insultara a compañeros y amigos suyos, para dejar a los presentes allí plantados, claro está rechazando la propuesta. 

Recientemente le recordé a él y su actitud, cuando decidí cambiar de trabajo. Yo no estaba bien, no era feliz en el trabajo al no creer en lo que se estaba haciendo en mi empresa, afectándome también en mi vida personal, ya que me cuesta bastante aislar una vida de la otra. El cambio implicaba, además de la propia incertidumbre del cambio, menor remuneración económica, dejar de disponer de coche de empresa y otros. Y en el otro lado de la balanza básicamente, una nueva ilusión que había perdido y que resultaba ser lo que más necesitaba. 

Aunque hace bastante tiempo que no hemos tenido contacto, voy a tratar de recuperarlo de nuevo, esperando que no se moleste por no haberle consultado con anterioridad si podía escribir sobre él.

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